Sobre mí


Nací el mes de diciembre de 1979, en Madrid, en pleno Puente de la Constitución. Obviamente, no recuerdo nada de aquel día. Solo sé que era sábado, jornada laborable tras el primer aniversario de la Carta Magna y que mi abuelo, tendero de barrio, refunfuñó como nunca. No por mi llegada, que se esperaba para aquellos días, sino porque, tal y como él mismo había predicho, tuvo que ser precisamente el día que no era fiesta. 

Aquel sábado no fui yo quien llevaba el pan bajo el brazo, sino las clientas. Todas abarrotaron la tienda, ansiosas de víveres tras la fiesta, mientras mi abuelo, que solía atenderlas junto a mi abuela, tuvo que apañarse sin ella para vender el pan. Cuando me propongo algo, lo consigo. Aunque sea jorobar a mi abuelo.
Crecí, aprendí a leer y también descubrí el mundo del video-club; unos maravillosos locales que solo quedan ya en nuestra memoria. Entre los libros y los VHS pronto tuve claro que lo mío era contar historias. Empecé y aquí sigo, sin remedio.
Como diría Steve Jobs, nuestra trayectoria se teje a base de ir conectando puntos (sí, os pongo el enlace de la charla porque es muy inspiradora). Cada vez que analizo mi camino me voy topando con destrezas que aprendí y que me han servido, sorprendentemente, para todo lo que hago ahora.
Mi primer trabajo fue algo aparentemente excéntrico, promotora de ventas de gazpacho, pero también hice mis pinitos como periodista, actriz, realizadora e incluso agente de marketing. También puedo sumar contratos como azafata de tierra, mensajera de billetes de avión y otros muchos oficios cuya lista sería casi interminable.
El resultado de mi trayectoria, siguiendo la idea de Steve Jobs, es que soy infalible leyendo mapas, jamás me pierdo en un aeropuerto y me hago amiga de los lectores (sobre todo de los más pequeños) con una velocidad pasmosa. Si es cuestión de tomar una foto o un vídeo, me defiendo, y os aseguro que soy la mejor de mi familia haciendo gazpacho.
Por si todo lo anterior no fuera suficiente, practico el don de la escritura, porque considero que los dones hay que practicarlos. Es algo que a los contadores de historias nos hace felices, casi siempre. Sobre todo cuando encontramos lectores dispuestos a leernos.
El resto de placeres están íntimamente ligados con el donut de chocolate. Sé que no es muy adecuado hablar aquí de esto pero, qué queréis que os diga. No todo el mundo tiene la suerte de haber tenido un abuelo tendero.

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